Miradas indígenas a la justicia restaurativa

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Foto: Anna Vogt

Erika Littlewolf viene de la comunidad norteña Cheyenne de Busby, y lidera el Centro Visiones Indígenas para el CCM de los estados del centro y participa en el “Proyecto Retorno a la Tierra” a través del Programa de Justicia Restaurativa del CCM E.U. Harley Eagle pertenec e a Primeras Naciones Annishinabe Dakota y miembro activo en la Reserva Wapaha Ska de las Primeras Naciones Dakota en Saskatchewan, Canadá. Junto a su esposa y compañera de trabajo, Sue, quien es Rusa de descendencia Menonita, trabaja como co-coordinador de la labor que realiza el CCM Canadá con los pueblos indígenas. El ha trabajado por muchos años en el diseño y facilitación de talleres en justicia restaurativa que van más allá de una interpretación mecánica de la justicia restaurativa. Su articulo fue publicado originalmente en Intersections: Revista Trimestral de Teoría y Práctica del CCM: Justicia Restaurativa  

Durante años de enfrentar problemáticas difíciles que son pertinentes a los pueblos indígenas, incluyendo aquellos asuntos que se relacionan con la sociedad no-indígena, y luego de tratar de navegar a través de la complejidad, hemos encontrado que es una tarea muy difícil el nombrar exactamente lo que hacemos. Creemos que esta dificultad viene de lo que ustedes podrían llamar nuestra cosmovisión y la forma cultural elegida de ver la vida. Como descendientes de los pueblos indígenas de esta parte del mundo, cuyas historias se remontan a miles de años, todavía seguimos muchas de las enseñanzas que van junto a una cultura basada en la tierra. Esto significa, que la mayor parte de los pueblos y las sociedades indígenas que vivieron en este continente determinaron hacerlo como si el medioambiente fuera alguien de la familia; imitando el flujo, ciclos, y ritmo de toda la naturaleza, en lugar de dominarla. Cuidar el mundo natural y nutrir continuamente ese mundo natural dentro de nosotros, a través de nuestros lenguajes indígenas, ceremonias, y prácticas culturales nos ha llevado a una manera holística de ver la vida, y el mundo que nos rodea. De este entorno cultural indígena emana una forma de lidiar con el conflicto y las situaciones difíciles, que siguió el principio básico de que todas las cosas están conectadas y relacionadas. En ese sentido, cuando una persona falla, debemos ver e involucrar a sus familiares para ayudar a buscar formas de enfrentar cualquier ruptura en las relaciones.

Para muchas naciones indígenas no existía ningún nombre o programa institucional específico para lidiar con el conflicto. Más bien, afrontar los conflictos era simplemente una manera de lidiar con alguna situación, pues el conflicto era visto como algo que ocurría también naturalmente. Por esta razón, ha sido un gran reto adoptar el nombre de justicia restaurativa, al menos que sea por una razón pragmática, de brindar un poco de contexto a lo que hacemos en este mundo moderno. Encontramos especialmente difícil, nombrar nuestra práctica como “justicia restaurativa”, cuando se presenta a la misma como un proceso específico o incluso sólo como un programa especializado para lidiar con el crimen y el conflicto sin tomar conciencia de que las raíces de la justicia restaurativa vienen de una cosmovisión holística, claramente diferente a la de los colonos europeos. Aun más frustrante, es la experiencia de que los practicantes no-indígenas de la justicia restaurativa, no reconozcan la importancia que muchos pueblos indígenas le han otorgado a la necesidad de restaurar esta visión de mundo indígena. En su conjunto, el movimiento de justicia restaurativa falla en apropiarse de la necesidad de descolonizar la Norteamérica colonizada en la que vivimos. Con demasiada frecuencia, los practicantes de la justicia restaurativa se mantienen ciegos ante la profundidad del daño que se ha administrado y continúa siendo administrado sobre esta tierra y sus pueblos indígenas. El reto, ya habiéndonos incorporado a la corriente del movimiento por la justicia restaurativa, es el de apoyar a los practicantes de aproximaciones occidentales de la justicia restaurativa, a que vean qué tan lejos han llegado los entendimientos indígenas de la justicia restaurativa y qué significaría llegar a restaurar nuestra forma de ver el mundo.

En ese sentido la próxima pregunta que debe considerarse sería: ¿Qué es lo que hay que hacer para restaurar nuestra visión de mundo indígena? Como dos personas indígenas que tratamos de buscar una respuesta a esta pregunta, nos hemos dado cuenta de la importancia de NO preguntar; “¿Qué es lo que está mal en ustedes?”, sino “¿Qué les sucedió a ustedes?”. Esta pregunta gira el enfoque de uno, en donde se ve a individuos, ofensores o incluso el evento del conflicto en sí mismo como el único o principal conflicto, y devuelve el enfoque a la vida del individuo o individuos envueltos en un conflicto, quitando las capas que no nos permiten exponer el cuadro completo en la situación de conflicto. Para que los practicantes de la justicia restaurativa actúen con integridad, tienen que ser muy conocedores de la historia de la opresión colonial en esta tierra y tienen que entender el rol de los traumas no resueltos en las vidas de las personas y los pueblos históricamente oprimidos. Como pueblos indígenas deseamos que los practicantes tengan una compresión aguda del sinnúmero de eventos traumáticos que durante siglos ocurrieron a los pueblos indígenas de estas tierras.

 

Para los pueblos indígenas y las comunidades de colonos en esta tierra una posible respuesta a la pregunta; “¿Qué les sucedió a ustedes?, es; “La Colonización”. Por tal razón la justicia restaurativa se debe enfocar en deshacer los efectos de la colonización y aquellas prácticas colonialistas que aún enfrentamos. El 27 de febrero del 2008, en un informe llamado “Colonización Institucional y las Programas de Sanación en los Pueblos Indígenas”; Rupert Ross cita a trabajadores indígenas miembros del “Circulo de Sanación Comunitaria Holístico de Hollow Water (CHCH) cuando dicen:

 

“Mucho de lo que antes fue descrito como sanación, ahora es visto como terapia de descolonización por el equipo de CHCH…La sanación comunitaria como terapia descolonizadora envuelve: la articulación de principios que promuevan la salud y balance de la comunidad; ayudar a la gente a que regrese al equilibrio; y basar todos los sistemas comunitarios en principios balanceados, tomando toda esa responsabilidad como un viaje comunitario”.

Debemos enfatizar, que la descolonización, no es solamente para aquellos que son descendientes de indígenas norteamericanos. Si extendemos el cuestionamiento de “¿Cómo les pasó esto?” Para ir más allá en la investigación de los procesos de colonización, entonces tendremos que preguntarle a los colonizadores: “¿Qué sucedió en tu pasado que permitió que participaras de los actos atroces de la colonización? ¿Con cuáles patrones de la colonización que han pasado de generación en generación cargas? Cuando reflexionamos en nuestro propio proceso encontramos la siguiente idea; para que el colonizador colonizara, debió haber experimentado la colonización por sí mismo sin tener la oportunidad de sanar esta experiencia de una manera adecuada. Quizás la mayor lección que deben aprender los practicantes de justicia restaurativa es que primero conduzcan el proceso hacia adentro y que ellos mismos se hagan las preguntas que llevan a todos los practicantes de justicia restaurativa a descubrir su lugar en la historia de la colonización y a reconocer los persistentes efectos en su vida, cuando el daño causado por la colonización no es atendido.

De hecho, los procesos de justicia restaurativa efectivos, requieren esencialmente de la creación de un espacio de respeto en el que la verdad pueda ser dicha y escuchada y en el cual los participantes puedan cuidadosamente explorar los grandes contextos de los conflictos que enfrentan, llegando así a decisiones colaborativas que son restaurativas por naturaleza. Los procesos efectivos de justicia restaurativa abren espacios en los que la destreza y la práctica de lo que significa tratar a la tierra y todo su contorno humanamente, como un hermano puedan ser nutridas y en el cual los patrones de colonización en cada uno de nosotros puedan ser transformados.

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Perfiles de país sobre la Objeción de Conciencia

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Jhonatan Vargas y su mamá Maria. Foto: Christian Peacemaker Teams Colomba

Jae-Young Lee es actualmente el Director Ejecutivo del Instituto para la Construcción de Paz de la Región del Noreste Asiático (NARPI) y director del Instituto Coreano de Construcción de Paz (KOPI). También es un líder en la Iglesia Menonita de Paz y Gracia. Anna Vogt trabaja en Bogotá Colombia, para Juztapaz, el asociado del CCM. Es originaria de Dawson, Yukon en Canadá. Ruth L. Hiller es co-fundadora del Nuevo Perfil (New Profile), un movimiento para la desmilitarización de la sociedad israelí que fue establecido en el 1998 para apoyar y aconsejar a cualquiera que esté considerando no cumplir con el servicio militar. El articulo fue publicado originalmente  en Intersections: Revista Trimestral de Teoría y Práctica del CCM: Objeción de Conciencia

El derecho a reclamar el estatus de objetor de conciencia a la guerra varía grandemente dentro de los diferentes contextos de país. Los perfiles de la República de Corea, Colombia e Israel ilustran los riesgos y desafíos reales y actuales que enfrenta la juventud, recordándonos que decir no a la guerra, es todavía una elección costosa.

República de Corea (por Jae-Young Lee)

En la República de Corea (comúnmente conocida como Corea del Sur), el servicio militar es  obligatorio para todos los hombres jóvenes. No existen disposiciones legales para la objeción de conciencia. Según la Organización para las Naciones Unidas, a nivel mundial, de 723 OC en prisión 669 (o el 92.5 por ciento), se encuentran encarcelados en Corea del Sur.

Sang-Min Lee, un miembro de la Iglesia Menonita Paz y Gracia en Seúl, es el primer Menonita surcoreano que ha rechazado el servicio militar por su compromiso con Cristo. Él llegó a esta decisión luego de un periodo de siete años de estudio, reflexión y apoyo de las personas que le rodeaban. Inicialmente él estuvo involucrado activamente en una ONG no-cristiana llamada Un Mundo Sin Guerra. Una de las razones por la cuales él llegó a la iglesia Menonita fue porque se enteró que la iglesia apoyaría su decisión de convertirse en un objetor de conciencia. El 30 de abril Sang- Min fue sentenciado a 18 meses de prisión y todavía continúa encarcelado. Luego de cumplir 15 o 16 meses de prisión, podría ser liberado. No obstante, tendrá un record criminal luego de ser liberado.

Ser un Cristiano pacifista en Corea del Sur, resulta ser una cosa muy difícil, pues en la oposición al servicio militar obligatorio en Corea del Sur es vista como una traición a su propio país y una muestra de simpatía hacia la República Democrática de Corea (la RDC o Corea del Norte). Los objetores de conciencia experimentan aislamiento y ostracismo.

Pero dentro de las familias, también puede causar división. El mayor dilema para Sang-Min en identificarse como objetor de conciencia para la paz ha sido convertirse, en los ojos de su familia, en un “entorpecedor de la paz”. El padre de Sang-Min, quien no está de acuerdo con la forma de pensar de su hijo, es piloto y ex-mayor de la fuerza aérea del país. El cree que la tensión política seria entre Norte y Sur Corea hace la objeción de conciencia inapropiada.

Sin embargo, en los pasados meses Sang-Ming ha recibido la visita de su padre en varias ocasiones y ha demostrado una escucha paciente y respeto por las creencias de su hijo. Miembros de la Iglesia de Paz y Gracia se han reunido con los padres de Sang-Min para hablarles sobre “¿qué significa ser Menonita?”, y explicares que algunos cristianos que tratan de seguir la enseñanza de paz y justicia de Jesús lo harán aunque les cueste la cárcel. El padre poco a poco ha aceptado la decisión de Sang-Min.

Existe la esperanza de que este “incidente inesperado” llamado objeción de conciencia, pueda revelar el plan de paz y reconciliación que Dios tiene para Sang- Min y su familia, aun cuando quede mucho por recorrer.

Actualmente, la Iglesia de Paz y Gracia no tiene miembros en edad militar, en consecuencia la objeción de conciencia no es un tema prioritario. Sin embargo, el viaje personal de Sang-Min ha motivado a miembros de la iglesia a pensar en lo que realmente significa ser cristianos pacifistas en Corea. En definitiva, la historia de Sang-Min ha retado a todos los miembros de la iglesia a cuestionar y moldear su identidad de fe como Menonitas Coreanos.

Colombia (Anna Vogt)

Jonathan David Vargas no sabía que lo que estaba haciendo era llamado objeción de conciencia, hasta tres meses después de haber ingresado al batallón del ejército. Sin embargo Jonathan, un miembro de la iglesia Cuadrangular, estaba seguro de que no quería aprender a matar ni pertenecer a un grupo armado.

Su caso ejemplifica los retos que Juztapaz, una agencia Menonita Colombiana, enfrenta trabajando con los OC, en Colombia, donde no existe una manera práctica de tener acceso al derecho a la objeción de conciencia.

Justapaz jugó un papel fundamental, a través de las campañas de incidencia por la inclusión de este derecho en la Constitución Colombiana de 1991. En los cerca de 25 años subsiguientes, Justapaz ha demandado que el derecho a la Objeción de Conciencia sea reglamentado.

Cada hombre de dieciocho años, debe cumplir un año en el ejército al menos que reciba un aplazamiento. La mayoría de la juventud, no sabe que es posible decir no, lo que significa que la educación y la incidencia política son ambas partes importantes del trabajo de Justapaz. Como no existen organismos reguladores, ni leyes ni normas, cada caso se convierte en una navegación única a través del complejo sistema legal colombiano.

Jonathan creyó que por ser estudiante podría obtener un aplazamiento. Sin embargo, el ejército le dijo, que su seminario de estudios religiosos no era elegible y que su no- incorporación al ejército era ilegal. Mientras estuvo allí, se negó a disparar un arma y a jurar lealtad a la bandera, un aspecto ceremonial muy importante durante el entrenamiento básico. Cuando Justapaz supo de la situación, trabajaron para sumar apoyo internacional a una campaña de envío de cartas, como forma de presión a las autoridades nacionales y utilizaron sus redes nacionales para trabajar en las estrategias legales, incluyendo recurrir a la Corte Constitucional.

Luego de un pase rutinario para visitar a su familia, Jonathan se negó a regresar al ejército con la esperanza de que se le declarara OC, y que con la ayuda de Justapaz, su familia pudiera comenzar el complejo proceso legal. Sin embargo, la milicia lo declaró Ausente Sin Permiso y el 4 de Septiembre del 2014 durante una detención arbitraria para verificar documentación, Jonathan fue arrestado. El aparato de incidencia de Justapaz, volvió a entrar en acción.

El trabajo de Justapaz no se reduce solamente a la incidencia, sino que afronta todos los retos asociados con la vida en uno de los países más militarizados de Latinoamérica. La objeción y el acompañamiento es riesgoso pues implica acciones que exponen y amenazan el control militar: tanto los OC como personas y Justapaz, frecuentemente han tenido que lidiar con amenazas y la posibilidad muy concreta de represalias.

El análisis de contexto y de estrategias de auto-protección es parte fundamental del trabajo de Justapaz. Cualquier cosa puede pasar: mientras escribíamos este artículo, Jonathan fue arrestado y la Corte Constitucional resolvió en su favor, asegurando su liberación. Ahora se le reconoce oficialmente como un objetor por conciencia de la guerra y el servicio militar. Cada nuevo incidente requiere de nuevas estrategias. No obstante, el objetivo final sigue siendo el mismo: que el derecho de cada hombre joven a la objeción sea respetado, que se implemente legislación apropiada y que el servicio militar sea abolido.

Israel (Ruth Hiller)

El rechazo al servicio militar en Israel es un tema complejo. Muchos asumen que a todos los Israelitas se les requiere servir en el ejército, y muchos lo hacen. Sin embargo, un número creciente de ciudadanos Israelíes escoge no enlistarse.

Es muy importante apuntar que el servicio militar es requerido no sólo para los judíos sino para los hombres Palestino Árabes Drusos seculares. No se les requiere a los musulmanes o a los cristianos, quienes componen el 20% de la población. Aunque el gobierno intenta mantener el mito de que las Fuerzas de Defensa Israelíes (FDI) son un ejército compuesto de todos los sectores del pueblo, realiza esfuerzos enormes para que los judíos ultra- Ortodoxos o los haredim, un sector exento del servicio militar desde el establecimiento del estado Israelí no sean reclutados. El haredim sostiene que su contribución a la sociedad se realiza a través del estudio de la Torá, lo cual consideran que es mejor que el servicio militar. El servicio militar obligatorio es considerado por ellos como una forma de persecución religiosa.

Existen también esfuerzos para reclutar a ciudadanos de Israelís de origen Palestino. Desde la ocupación Israelí en Palestina, la participación en el ejército Israelí es considerada por muchos palestinos como una forma de traición. No obstante, algunos musulmanes y cristianos palestinos (incluyendo beduinos) con ciudadanía israelí se han enlistado como voluntarios en el ejército. Pero todavía está por demostrarse si la participación en la milicia puede abrirles puertas a otras carreras y oportunidades tales como la integración plena a la sociedad israelí. Las comunidades Drusos, donde los residentes pueden ser reclutados, sufren de sobrepoblación, pobre infraestructura y las demoliciones de casas. En el presente, muchas comunidades beduinas en el Negev han sido sujetas a su destrucción repetida y las casas de ex soldados beduinos tampoco se han salvado.

Aunque en el presente, la objeción de conciencia en Israel es un fenómeno marginal, existen algunos signos de su crecimiento. Por ejemplo, algunos OC judíos, entre los 16-20 años y que se llaman a sí mismos Shministim (bachilleres de secundaria) han declarado su rechazo al servicio en un ejército de ocupación. En el 2014, un grupo de 140 Shministim firmaron una carta pública que fue enviada al Primer Ministro Israel Benjamín Netanyahu, en donde se establece de manera clara su intención de rechazar el servicio militar. Ellos escribieron:

Nosotros, los abajo firmantes, tenemos la intención de rehusarnos a servir en el ejército y la razón principal para este rechazo es nuestra oposición a la ocupación militar de los territorios palestinos… El problema con el ejército no empieza ni termina con los daños ocasionados a la sociedad palestina. Infiltra la vida cotidiana Israelí también: moldea nuestro sistema educativo, las oportunidades de empleo dentro de la fuerza laboral, mientras fomenta el racismo, violencia y discriminación basada en etnia, ciudadanía y género. Nos rehusamos a ayudar al sistema militar a promover y perpetuar la dominación masculina…Nos rehusamos a abandonar nuestros principios como condición para la aceptación de nuestra sociedad. Hemos pensado profundamente sobre nuestro rechazo y nos mantenemos firmes en nuestra decisión.

Una declaración como esta significa que, una vez cumplan la edad de elegibilidad, estos adolescentes pueden ser posibles candidatos para un encarcelamiento inmediato que puede durar varios meses. Pero además a la posible amenaza de ir a la cárcel, estos jóvenes también son sujetos de continuo acoso por parte de sus maestros, compañeros, comunidades y milicia. Es posible que sus familias les expresen lo decepcionados que se sienten por las decisiones que han tomado, y algunos dejan sus hogares debido a las grandes tensiones creadas.

A través de actos de desobediencia civil y de su deseo de poner en práctica valores democráticos y de cambio en la sociedad, los Shministim son un creciente grupo de gente joven que se han opuesto valerosamente a la ocupación militar israelí a toda costa en Palestina y que creen en un futuro más pacífico para los israelíes y palestinos.

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Minería y la lucha constante por la vida en Guatemala y Colombia

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Minería en el Rio San Juan. Anna Vogt

Cellia María Vásquez Garay es una Menonita de Colombia que anteriormente fue participante en el programa del CCM llamado SEED en Colombia. Ella es antropóloga y tiene mucho interés en los temas de incidencia y minería. Ella ha estado viviendo en el Chocó por los últimos dos años y medio y está trabajando como profesora en la universidad estatal. Su articulo fue publicado originalmente en Intersections: Revista Trimestral de Teoría y Práctica del CCM: Incidencia desde la Base 

La industria minera es predominante por toda Latino América, tomando diferentes formas y trayendo muchas consecuencias adversas a la vida de la población y el medio ambiente. Las respuestas de incidencia de la población local a iniciativas mineras varían significativamente, y esto se mira claramente en las diferentes formas de movilización que asumieron las poblaciones indígenas del oeste en Guatemala y los chocoanos de Colombia para enfrentar los retos presentados por la minería a sus comunidades.

Aunque las respuestas puedan ser diferentes, los retos que presentan la minería en ambos casos son similares. Consecuentemente, los intercambios de aprendizaje de sur a sur entre estas comunidades que enfrentan la devastación que trae la minería, pueden y deben ser un componente importante de los esfuerzos de incidencia relacionados a la minería, pues estos intercambios ofrecen oportunidades para personas en diferentes circunstancias, que enfrentan un reto similar, a aprender el uno del otro y de esta forma apoyarse mutuamente en solidaridad.

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Minería en el Rio San Juan. Anna Vogt

San Marcos es un departamento ubicado en las montañas suroeste de Guatemala con tierras muy fértiles y una larga historia de agricultura. Aproximadamente el 36% de los habitantes son de descendencia indígena Maya lo que explica su cercana y especial relación con la naturaleza. En décadas recientes comunidades en todo Latino América, como la región de San Marcos, se han convertido en blancos para las corporaciones multinacionales y sus actividades de minería a cielo abierto -en el caso de San Marcos, la mina Marlin en San Miguel Ixathuacan. San Marcos sobresale como un caso emblemático, por la operación minera de una corporación multinacional que ha llevado al desplazamiento de muchas comunidades, ruptura social, contaminación del suelo, fuentes de agua y problemas de salud.

Con la ayuda de la diócesis de San Marcos, otras comunidades en el departamento han empezado a prepararse ellas mismas para la inminente incursión de compañías mineras. En forma de defensa social, activistas comunitarios se han organizado para despertar conciencia de las futuras consecuencias de la actividad minera, resaltando el impacto negativo de la Mina Marlin. Como un resultado de esta movilización local, varias comunidades en el departamento de San Marcos, como Sibinal, han votado internamente contra la presencia de minas similares en sus territorios.

Movimientos sociales de base comunitaria también trabajan en el fortalecimiento de relaciones entre los pobladores de San Marcos y el medio ambiente, incluyendo la organización de proyectos para capacitación de personas miembros de la comunidad en ecoturismo y agricultura. Este tipo de defensa, empodera a las comunidades resaltando su relación esencial con la tierra. Fortalecer esta conciencia le hace mucho más difícil a las compañías mineras utilizar su táctica de “dividir y conquistar”.

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Minería en el Rio San Juan. Anna Vogt

La Minería es también un problema urgente que enfrenta el Chocó, una de las regiones de Colombia y del mundo con más lluvia y biodiversidad. Las actividades mineras en el área se remontan a los tiempos de la conquista Española, cuando los esclavos eran la mano de obra principal. Los habitantes de Chocó son, en su mayoría, descendientes de África. A diferencia de las poblaciones indígenas de San Marcos, la relación entre los pobladores chocoanos y su tierra está basada en la extracción de los recursos naturales. Después de que Colombia ganó su independencia de España, muchos de los antiguos departamentos con esclavos, continuaron la práctica artesanal minera sin renovar sus lazos con la naturaleza. Por lo cual, durante la segunda mitad del siglo veinte, los mineros empezaron a utilizar nueva tecnología para la extracción de metales preciosos, lo cual condujo a la utilización de excavadoras de succión y reto-excavadoras, facilitando a los mineros un mejor acceso a los ríos.

Muchas de las fuente de agua en el Chocó se han contaminado dado a el uso de mercurio en las operaciones mineras para “atrapar” partículas de oro y platino. Dragadoras y excavadoras destruyen la capa fértil del suelo transformándolo en lomas de piedras en donde cultivar es prácticamente imposible y contribuyendo a la sedimentación de los ríos, haciendo la navegación difícil e incrementando el riesgo de inundaciones. El estado Colombiano ha otorgado numerosas concesiones mineras dentro del Chocó a empresas multinacionales para exploración y explotación. Activistas comunitarios en el Chocó tienen temor de la magnitud de la destrucción del medio ambiente en el departamento si las comunidades no se organizan pronto para enfrentar las usurpaciones de actividades mineras en la región.

Para muchos Chocoanos la minería es la única forma de ganarse la vida que han conocido y gracias a ella las familias han podido construir sus casas y pagar los estudios de sus hijos. En ese sentido los chocoanos no están dogmáticamente en contra de la minería. Sin embargo, en los últimos años, son cada vez más los mineros de pequeña y mediana escala que han protestado en contra de la represión estatal, que busca controlar la minería informal e ilegal para favorecer los megaproyectos mineros, frecuentemente llevados a cabo por empresas multinacionales.

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Minería en el Rio San Juan. Anna Vogt

Todavía se está desarrollando alternativas a la minería en el Chocó. Las iglesias Católicas y Hermanos Menonitas han organizado esfuerzos para promover otras formas de ganarse la vida, especialmente opciones en la agricultura. Programas desarrollados por estas iglesias, promueven la siembra de cultivos comestibles para el mercado local (plátanos, papaya, piña, borojó, arroz y cacao), el uso de gallineros y estanques para peces, y la producción de manualidades usando materiales reciclados y nativos como semillas y cortezas. Por el momento, la producción de algunas de estas iniciativas sólo puede suplir la demanda local, y no pueden competir con los ingresos temporales que las multinacionales pueden ofrecer.

Todavía queda mucho trabajo por hacer para aumentar el nivel de concientización sobre los efectos devastadores de la minería y para promover una nueva percepción de la tierra como fuente de vida, no sólo de ingresos. Desarrollar iniciativas sólidas de incidencia en San Marcos y Chocó requerirá construir fuertes vínculos sociales entre los miembros de la comunidad y un entendimiento del poder que se encuentra en la unidad. Cuando organizaciones eclesiales como el CCM acompañan y apoyan a estas comunidades en sus esfuerzos locales de incidencia, ellas necesitan considerar seriamente la organización de intercambios entre líderes de las dos comunidades que están enfrentando retos muy parecidos para fomentar la solidaridad y el aprendizaje mutuo.

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Construyendo la Paz: Las iglesias anabaptistas en Guatemala y Honduras

Un encuentro de oración ecuménico en la plaza central en la cuidad de Guatemala.

Un encuentro de oración ecuménica en la plaza central de la cuidad de Guatemala.

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Anna Vogt es la Analista de Incidencia Politica y Contexto Regional 

Ante la presente situación hacemos un llamado: A todos los miembros de la Iglesia Evangélica Menonita Hondureña, a los hermanos Menonitas del mundo y a hermanos de Iglesias con las que compartimos la honra, sujeción y obediencia al nombre de Jesucristo, decretar un día de ayuno y oración por nuestra nación, solicitando que el Señor nos guie hacia una verdadera transformación social, liberando nuestro pueblo de la injusticia social, corrupción e impunidad.”

– La Iglesia Evangélica Menonita Hondureña

Expresamos con humildad nuestro llamado, que se basa en las demandas radicales que el Reino de Dios exige, especialmente en este país que se considera cristiano: el amor que nos hace vernos como prójimos, la justicia que nos exige ser constructores de bienestar, y la paz que nos impulsa a vivir una vida de servicio (no de aprovechamiento egoísta, asalto al patrimonio de todos y cinismo para buscar justificaciones).”

– Casa Horeb, Iglesia Anabaptista Menonita de Guatemala, Septiembre 2015

En casi cada esquina de todos los pueblos de Centro América, se encuentra una iglesia. Desde cada lugar donde se encuentran, las iglesias juegan un papel importante en la sociedad, tanto formando comunidad dentro del barrio como por ejemplo ofreciendo espacios para los jóvenes que quieren salir de la violencia de las pandillas. Las congregaciones están conformadas por personas ordinarias, pero tienen una posición única dentro de la sociedad basado en el respeto que se otorga a la voz moral de las iglesias.

Como se vio durante la visita del Papa Francisco a los Estado Unidos en septiembre, las voces religiosas tienen un poder moral impresionante para influir a la sociedad y la política. Las iglesias tienen la posibilidad de hacer un llamamiento, no basado en posturas políticas, pero desde una postura de fe formulado a través de una interpretación de los textos bíblicos en coyuntura con realidades actuales.

En Honduras y Guatemala, han pasado unos meses turbulentos. En Guatemala, debido en parte a protestas populares contra los altos niveles de corrupción a nivel nacional, la gente hizo renunciar al presidente. Aunque el presidente de Honduras no ha renunciado todavía, una situación parecida esta en juego ahora, incluyendo un escándalo de corrupción y protestas ciudadanas.

En ambos países, las iglesias menonitas hacen una llamada hacia el cambio. En Guatemala, miembros de la iglesia participaron en las marchas y en los encuentros ecuménicos de oración que se llevaron a cabo antes de las protestas cada sábado en la plaza central.

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La Iglesia Evangélica Menonita Hondureña

En Honduras, la iglesia menonita tiene claro su compromiso con la paz y la justicia, pero los miembros de la iglesia todavía están buscando como transformar dicho compromiso en acciones directas. Mientras el hecho de ponerse en acuerdo sobre los temas macro que se enfrentan en el país sigue siendo un reto, las iglesias son muy comprometidas en vivir concretamente su llamado a ser constructoras de paz en sus comunidades de base. Por ejemplo, la iglesia Vida en Abundancia Evangélica Menonita permanece en una barrio controlado por pandillas y dividida por la violencia, brindando espacios seguros, haciendo campañas comunitarias de paz y dirigiendo talleres de paz en escuelas locales.

Sin embargo, en ambos países las iglesias han publicado declaraciones, basado en su fe anabaptista, proclamando su apoyo para el cambio y su compromiso de participar en la formación de una sociedad diferente.

La iglesia Hondureña llama: “A los poderes del estado: asumir con integridad, valor, honestidad la responsabilidad que nuestras leyes designan para el desempeño de sus cargos y dar respuestas que recuperen la credibilidad, confianza y dignidad del pueblo que les confió la vida.”

Estas declaraciones son poderosas porque las iglesias menonitas en ambos contextos no expresan públicamente su voz moral con mucha frecuencia. Esto en sí ilustra cuan grande son los cambios que están pasando en ambos países, especialmente en Guatemala. También muestra la importancia de incluir a las iglesias como actores con mucho para ofrecer en ambos contextos, tanto ahora como en el futuro.

Un encuentro de oración ecuménico en la plaza central en la cuidad de Guatemala.

Un encuentro de oración ecuménico en la plaza central en la cuidad de Guatemala.

Aunque no se ha recibido mención específica en los medios de comunicaciones, no hay nadie mejor ubicado para trabajar con la justicia social que las comunidades de fe, organizadas alrededor de principios de reconciliación y paz.

Como las iglesias mismas declaran:

Como pueblo, pedimos perdón por nuestra apatía e indiferencia ante tantos años de rapiña y despojo de los fondos públicos. Como Iglesia también pedimos perdón, junto a otras iglesias, porque muchas veces no hemos alzado nuestra voz profética de denuncia ante las injusticias y de anuncio, con nuestro testimonio, de un Reino de fraternidad y solidaridad. Desde nuestra identidad de discípulos/as de Jesús, con humildad ofrecemos hoy nuestro aporte: Somos parte de este pueblo que quiere vivir en paz y ahora se ha levantado contra la corrupción y para exigir un cambio radical del País. Como discípulos de Jesús, somos herederos de un legado de Paz y Reconciliación. Lo hemos recibido de él y por eso lo podemos ofrecer a todos los pueblos.” -Guatemala

Somos una iglesia históricamente pacifista y no violenta, fundamentada en los valores del Reino de Dios como son: El Amor, La Justicia, La Paz, el Perdón, La Reconciliación, creemos en la transformación de los conflictos a través del diálogo sincero y equitativo, promovemos el respeto a los derechos humanos, así mismo afirmamos que en el conflicto social-económico-político que mantiene nuestro país, quienes más sufren son los que están en desventaja social, los cuales representan la mayoría.” -Honduras

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El lugar más interesante de Colombia

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Amy Eanes acaba de salir de dos años en Itsmina, Chocó con el programa Semilla. Ahora, está trabajando en Bogota con CCM en PMER, delegaciones y incidencia política. Su articulo fue publicado originalmente en el blog de Semilla Colombia.

Cuando me dijeron que yo iba para vivir en el Chocó, lloré. Todo lo que yo había escuchado sobre el Chocó me pareció exótico y peligroso – la selva, la lluvia, grupos armados, comunidades retiradas, minería, contaminación por el mercurio. No podía imaginarme viviendo bien allá.

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No sabía que iba a vivir en el lugar más interesante de Colombia. No sabía que iba a comer comida riquísima – sancocho de costilla ahumada, jugo de guayaba agría, pescado, y el mejor arroz. No sabía que viajaría por río, rodeada por la selva. No sabía que iba a andar en moto taxis de tres llantas. No sabía que cuando abriría la llave, saldría agua de la lluvia, recogida del techo de mi casa.

No sabía que iba a estar en medio de gente muy amable, muchos de quienes tienen personalidades diversas y místicas. No sabía que iba a conocer a muchas personas que han vivido circunstancias difíciles – desplazamiento, violencia, la pérdida de familia y amigos – que continúan viviendo con resiliencia y vitalidad, que han enfrentado el terror y el temor y han escogido el amor y la vida. No sabía que estaría interactuando con personas inspiradoras, quienes cometen errores, se enferman, y se frustran en su vida cotidiana. No sabía que iban a quererme, abrazarme, y constantemente decirme cuanto he engordado justo después de regañarme por no haber comido más arroz y plátano.

No sabía que aunque iba a vivir en un territorio donde hay grupos armados, el último poder está en el acompañamiento y la confianza, en escuchar a la gente, en la fe en Dios. No sabía que iba a sentir muy segura aquí.

OLYMPUS DIGITAL CAMERANo sabía que iba a ser testigo de los efectos de las políticas de mi país en Colombia. No sabía que iba a ver como la plata que pago por los impuestos está vinculada con violaciones de derechos humanos, y que iba a conocer a esas personas a quienes estamos violando sus derechos. No sabía que iba a ser testigo de cómo las decisiones económicas y políticas dañan el sustento de los campesinos por fumigar indiscriminadamente con glifosato el terreno rural, contaminado las fuentes del agua y quemando cultivos de alimentos. No sabía que iba a sentir impotente y frustrada delante de las estructuras inmensas en que participo, voluntariamente o involuntariamente, consciente o inconscientemente.

AE-IMG_9399No sabía que iba a comenzar a sentir Chocoana. No sabía que vivir aquí eventualmente me pareciera normal. No sabía que me acostumbraría a cultos de tres horas. No sabía que estaría transformada por la experiencia de haber vivido aquí – que yo percibiría al mundo desde otra perspectiva y observar la vida al lado de los que están oprimidos por los sistemas que me benefician.

Mucho que no sabía, y muchísimo que todavía no sé. Ahora cuando me preparo a salir, me encuentro otra vez en lágrimas – en parte como resultado de tener que despedirme de un lugar que ha sido mi hogar por estos dos años; en parte como resultado de reconocer que mi tiempo aquí, esta etapa de vida y trabajo y transformación está terminando. No sé como expresar adecuadamente mi agradecimiento a todos y todas, pero esto yo sé: estoy profundamente agradecida por estos dos años en el Chocó, por los facilitadores de Semilla y los y las demás Semiller@s, por las maneras en que el Chocó me ha cambiado, y sobre todo, a las iglesias y personas Chocoanas que han dado significado al tiempo.

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Recuperando la Confianza

Haciendo composta

Haciendo composta

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Lindsey Frye es un miembro de la Iglesia Menonita Laurel Street en Lancaster, PA. Actualmente vive en Chiapas, México con su esposo Chris y sus hijas Ramona and Ruthie. Tiene una maestría de arte de Bethany Theological Seminary y trabaja como Promotora de Ecumenismo con un socio de CCM México, el Instituto de Estudios Interculturales.

Cuando estudiaba en la universidad, viaje a Latinoamérica para aprender sobre los efectos negativos del TLCAN, más que todo las implicaciones para los graneros pequeños que no pudieron competir con los grandes, y la migración forzada a las ciudades a trabajar en maquilas costurando ropa barata para los EEUU. Pero durante mi tiempo de orientación aquí en Chiapas, desde que llegué en agosto, he estado aprendiendo una parte más significativa para este estado del sur. Antes del TLCAN, había un requisito (impuesto por el gobierno estadounidense) que el gobierno mexicano eliminara partes de su propia constitución (partes del articulo 27 en particular). Pidieron que eliminara por completo el sistema ejido (parte de la reforma de 1917 protegiendo las tierras compartidas, que no podía haber dueños de esta tierra, y no se permitía venderlas). Fue el impulso principal por el levantamiento de los Zapatistas en 1994, una reacción contra del TLCAN en el día que fue anunciado.

En un taller

En un taller

Han habido muchos efectos de este levantamiento que todavía permanecen aquí en la cultura Chiapaneca. Pero por otro lado, el levantamiento no logró cambiar esta ley. En los fines de los años 90, el gobierno trató de controlar el movimiento indígena en Chiapas por medio de las fuerzas armadas. Lo que aprendieron es que el movimiento Zapatista ha creado una red internacional con un ojo poderoso hacia el gran público. Por eso, intentar controlar por medio de las fuerzas armadas no funcionaba, como todos podían mirar sus acciones. Así que en los años 2000 para adelante, cambiaron para otra táctica mucho más efectivo y manipulador lo cual ha sido la implementación de programas sociales de carácter eminentemente asistencialista y con evidentes intenciones de control del movimiento comunitario.

Trabajo para un socio de CCM, el Instituto de Estudios Culturales (INESIN), una organización ecuménica dedicada al desarrollo en el sur de México. Como mis compañeros de INESIN me han explicado, los trabajadores del gobierno van a las comunidades indígenas, y hacen grandes obras sociales, como por ejemplo lo de SAGARPA[1], que tienen programas agrícolas de semillas y fertilizantes. Después, dicen que el requisito para inscribir en las actividades del programa social es el título personal del terreno. Este táctica, de manera profunda, ha partido las comunidades, como van dividiendo, de manera voluntaria, las tierras compartidas para fines individuos. Los resultados no solo han sido la participación en programas sociales, sino también se trata de los acuerdos que hace el gobierno o grupos poderosos, con las compañías de la minería, la deforestación, las plantas hidroeléctricas, los planes del gobierno para convertir los lugares sagradas de las comunidades en destinos turísticos, la eliminación de la tierra agrícola para convertirlo en autopistas grandes, el narcotráfico y mucho más.

Viendo las plantas

Viendo las plantas

Esta dinámica ha creado aislamiento y desconfianza. La situación es tan compleja, es difícil saber en quien confiar. INESIN trabaja en varios niveles, con el programa de fortalecimiento comunitario, dando la oportunidad a las y los católicos y protestantes convocarse y trabajar juntos en el trabajo sagrado de sembrar hortalizas. En la ciudad, junto con varias organizaciones que también están buscando el buen vivir, don la Espiritualidad Ecológica Transformadora dentro de la diócesis, rescatando la filosofía de las y los abuelos de cuidar a la madre tierra y a los demás con quienes convivimos. Con las mujeres, sanando las muchas heridas que llevan dentro de su ser individuo, su familia, y dentro de la misma sociedad.

Construyendo un vernadero

Construyendo un vernadero

Claro, que esta organización tiene estrategias, planes y metas, que les ayuda a facilitar el trabajo. Pero si yo resumiría los impresiones que tengo de este trabajo, tan sagrado e importante como es, seria la recuperación de la confianza. Aprendimos a confiar otra vez en la madre tierra, que nos ha cuidado por tantos años, en las hermanas y hermanos en nuestro alrededor (aun si tienen otra confesión de fe), confiar en las organizaciones que trabajan a su lado, que no son perfectos, pero están comprometidos en el trabajo de crear un mundo mejor.

[1] La Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación

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La gran misión: de Siria a Latinoamérica

Foto: Katie Geluso

Foto: Katie Geluso

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Oscar Woo-Calvachi, es el Co-representante de país del CCM México (Lo dicho no representa necesariamente la posición de CCM)

De las revoluciones occidentales en Siria (o Líbia) y la creación, por parte de alguna inteligente agencia de estados ambulantes del terror, pasamos a ser testigos distantes del cumplimiento de la gran y occidental misión de administrar los recursos naturales y la vida misma de otros y gobernar sabiamente al mundo. En el desarrollo de esa misión los sacrificios son necesarios. El sacrificio de inocentes con rostro de los más vulnerables, de mujeres y niños parece un pequeño precio que hay que pagar. El sistema, la esencia de la misión exige sacrificios. Un niño yaciendo en la playa, parece nada delante de la gran y occidental misión. Ver la imagen de Aylan generó tristeza y llanto. Y es que al final de cuentas, llorar de tristeza o pena no tiene precio, o mejor, no cuesta nada. Y es esa misma tristeza la que banalmente ha encontrado su histórico consuelo: la música, las oraciones, los textos y la teología casi siempre han recordado el necesario y sagrado valor de la salvación por medio del sacrificio, y sacrifico de sangre. Ya el mismo Abraham parecía dispuesto a sacrificar a un niño por exigencia del sistema de aquella época. Y si la sangre de un inocente sacrificado fue necesario para salvar a la humanidad; la sangre de unos cuantos millones parece nada en el anhelo de la occidental, escogida y civilizada paz que se quiere para el mundo.

Y Latinoamérica no se libra de esa occidental misión y sus efectos. Casi nunca desde de la conquista se ha liberado y quizás nunca lo hará.  Cuando surge un estado o una iniciativa que no encaje con la misión occidental, algo está mal y deben tomarse medidas creativamente de fuerza para normalizar la situación. Cuando, por ejemplo, un rebelde ex presidente de un caribeño país latinoamericano, fue preguntado por una periodista de la CNN si apoyaría o no el régimen autónomo (soberano y distante de la misión occidental) en Siria, básicamente su respuesta fue: Siria es un país soberano, como lo es  Libia, Venezuela, como lo son los Estados Unidos. Nosotros tenemos que apoyar la soberanía de los pueblos. No significa que tengamos que estar de acuerdo. Pero ¿se resuelven las diferencias bombardeando o desestabilizando pueblos? Curiosa casualidad: poco tiempo después ese mismo ex presidente moriría de un curioso cáncer.

Latinoamérica ha sido ejemplarmente un especial campo de ejecución de la occidental misión. Y aunque en determinados momentos la gran misión en Latinoamérica haya tenido una sincera sensibilidad manifestada, como dicen, en una mezcla de autoritarismo y condescendencia, en la hora final, la misión ha  estado marcada por el cálculo pragmático. En ese sentido la gran misión ha tenido diferentes facetas (doctrinas), tiempos, lugares y denominaciones. Desde una Monroniana, pasando por una Nixoniana o una Carteriana y llegando a una Reaganiana o una Bushniana u Obaniana. Y viene una Trumpiana. Así mismo y con cierta especificidad, quizás sean recordadas algunas modalidades de ejecución de la gran misión con nombres como: Plan Cóndor y Plan Colombia. O tal vez una llamada Puebla Panamá u  otra, Mérida. O tal vez una TLC u otra menos publicitada, pero quizás más diciente o al menos inspiradora, Santa Fe. En fin. Pero hay otras que provienen de los aliados de la gran misión, entre ellas: Consenso de Washington y su resurrección en Seúl. Y los hijitos BM y FMI. Hoy no hay más tiempo ni capacidad para seguir hurgando.

Volviendo con la occidental misión y su ejecución y sus efectos en América Latina, no es menos importante y quizás más preocupante, pensar en el buen vecino que está al norte del país del águila. Ellos siempre han sido vistos por como el buen vecino. Pero para no pocos en el mundo, eso es solamente un mito. Astuta y sutilmente han caminado los controladores del poder de este lindo país bajo la sombra de su vecino del sur y de algunos del otro lado del charco. Poco a poco construyendo su propio imperio y alimentando la matriz de la gran y occidental misión para el mundo.

Y al final todo parece ser definitivo. Y la gran misión parece haber dado el paso final. Y como al más clásico final de las películas, la luz se cierra poco a poco como en un túnel hacia la mitad del telón. Pero en este momento, tanto en Siria como en Latinoamérica y a diferencia de las clásicas películas, el punto de luz en el telón no desaparece: Las mujeres en Siria se resisten a ser la sombra del prototipo del hombre y la cultura árabe (en general), creado y recreado a conveniencia por occidente como eje del mal. Ellas, unidas en La Red de Mujeres de Siria no cesan en su empeño de lograr que su voz sea tenida en cuenta en la construcción de una democracia pacífica y autónoma para el pueblo sirio. En Latinoamérica por su parte, y para el caso concreto de México, pueblos de La Montaña de Guerrero, expresan de otra forma su indignación y su resistencia frente a la apocalíptica industria minera. Y el marco para el ejercicio de esa nueva expresión de resistencia, será la Convención Internacional de Minería a realizarse en el Mundo Imperial de Acapulco. Al mismo tiempo, padres, madres, jóvenes, iglesias y en general grandes sectores de la sociedad civil mexicana e internacional, a partir del sacrificio de los 43 en Ayotzinapa, se han levantado en resistencia y esperanza. Una esperanza que surge desde lo profundo de la dignidad y que se niega a creer que la única opción de Vida para todos y todas, sea la impuesta por la gran misión para quien alcanzar su paz y su progreso requieren del sacrificio, el sacrificio de los empobrecidos del mundo.

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