Historias: Escuchando, Compartiendo, y Respondiendo

Esta post fue originalmente una presentación de Ellen Paulley en un banquete de recaudación de fondos de la Universidad Menonita Canadiense en Winnipeg, el 04 de abril de 2013. Ellen fue un pasante en el programa de CCM México de mayo a julio, 2012.

Escuchando historias

Los beneficios de la agricultura orgánica. Los peligros que enfrentan los migrantes en su viaje con la esperanza de encontrar una vida mejor. El poder de la educación para cambiar una vida, una familia, una comunidad. Estas son algunas de las historias increíbles que oí durante mis tres meses en la Ciudad de México.

Trabajo como pasante de comunicaciones con el programa de incidencia del Comité Central Menonita en América Latina, estaba asistiendo en el trabajo de comunicación del programa. Como huésped en una nueva tierra para poco tiempo, mi deber era escuchar bien, tratar de entender y compartir la historia con aquellos alrededor de mí, tanto en México como en Canadá.

Compartiendo Historias

¿Cómo puede uno compartir las luchas, los viajes, las alegrías y las esperanzas que escucha? Es un desafío hacerlo en cualquier contexto y aún más en un contexto que es nuevo. He tenido la oportunidad de tomar todo lo que oí y trabajar con otros para compartir la información de una manera que capturó y respetado las complejidades de lo que habíamos escuchado. Usando una variedad de medios de comunicación, acepté el reto de compartir temas latinoamericanos en una manera que presenta no sólo la información estadística, sino también comparte la realidad que enfrentan las personas detrás de los números.

Respondiendo a las Historias

Con un enfoque en justicia de minería, urbano consolidación de la paz, la justicia rural y la migración, las historias, compartidas por el programa de incidencia de CCM en América Latina, me inspiraron, me dieron tristeza y me animaban. Pero la realización de que estas historias eran de nuestros hermanos y hermanas en Cristo me impidió ser desanimada. Estas son las historias de la iglesia mundial y a través de mi trabajo estaba envuelto en ellos. Les animo a entrar en estas historias así – el mundo está lleno de oportunidades donde podemos hacer una diferencia.

Tres meses no es mucho tiempo; de hecho, me sentía el tiempo pasar demasiado rápido y me hubiera gustada extender mi estancia. Pero mi esperanza sigue siendo honrando la hospitalidad de quienes tan amablemente me compartió sus vidas e historias. Ellos fueron anfitriones maravillosos y he cambiado para mejor debido a su deseo de compartir.

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