Haciendo Bien

Por Marisa Shenk, CCM Nicaragua

Durante la semana pasada he leído varios artículos sobre “misiones” y “trabajo de desarrollo”. Cada uno me ha hecho pensar en como defino lo que estoy haciendo en Nicaragua y también como otros podrían definir mi trabajo (Trabajadora de desarrollo, misionera, maestra de ingles, turista)

Kate, quién escribe el blog “Motley Mama,” llega a la conclusión que las personas que benefician más de los viajes de misiones de corto tiempo son los participantes mismos. Y muchos salen con la actitud: “Gracias a Dios que no vivo ahí”.

Yo creo que a veces el mejor logro de estos 3 años viviendo en Nicaragua es solamente esto: VIVIENDO aquí. Durante viajes a los Estados Unidos recientemente no hemos sentido completamente en casa y deseamos regresar a Nicaragua. Hemos hecho amistades profundas, hemos aprendido como sobrevivir 6 meses sin lluvia, y hemos visto las maneras en que nuestro herencia de Norte America hace que las personas esperan limosnas.

David Evans, un profesor en el Seminario Menonita del Este escribe que “las misiones se han convertido a busques de santurronería, la superioridad racial, la expansión Occidental, terror ambiental, y el capitalismo global.” Norteamericanos tienden a pensar en la pobreza como solamente materialista, y cuando se usa esa definición, que mejor lugar para venir a construir escuelas o casas! “Tenemos una tendencia de definir la pobreza y la riqueza usando estándares capitalistas que ponen más valor a riqueza materialista que riqueza relacional.”

Es difícil ver extrema pobreza económica a diario – la gente pidiendo dinero en los semáforos, un hombre que se gana la vida como vendedor de ajo, o la madre que viene a nuestra puerta pidiendo dinero para comprar leche para su bebé. Pero la solución no es tirar dinero al problema. La solución viene solamente después de que me he dado cuenta de las áreas de pobreza en mi propia vida y desde allí luchar por el entendimiento y empoderamiento mutuo.

En este artículo de los “New York Times”, Nora Shekel describe su experiencia como trabajadora de desarrollo en Haití después del terremoto. “Entendí porque la gente me pidió dinero, o por un trabajo, o por cosas. La mayoría de los haitianos solo encuentran a personas del Occidente en nuestra capacidad como ayudadores nombrados por nosotros mismos. Nunca estamos aquí solo porque queremos estar en Haití; decimos que estamos aquí para mejorar las vidas de los haitianos. Pero ellos nos han visto venir y salir durante décadas y siguen más pobre que nunca.”

Shenkel continúe diciendo: “Como la mayoría de trabajadores de desarrollo en Haití, yo no vivía con los haitianos. Mantuve la ventana del carro, una verja, una pared entre ellos y mi persona la mayoría del tiempo. No me sentaba con los haitianos en la oscuridad cuando se iba la luz una vez más. No me apresuré con ellos corriendo detrás de los ‘tap-taps’ alborotados – los carritos deteriorados pero bien pintados que usan para transporte público en Haití. No caminé por horas a casa con ellos, sobre montañas, bajo la lluvia o bajo el sol ardiente.”

De alguna manera me identifico con la experiencia de la autora – yo vivo en un barrio de la clase media con un muro alrededor de mi casa, yo tengo una organización que paga mi comida y costos de salud, y es demasiado fácil dejar que el actitud de “ayuda” tome control a veces.

PERO, yo me monto los buses, enciendo la linterna de mi celular y me siento en la oscuridad con las personas cuando se va la luz, camino por muchas cuadras de la ciudad en el sol del medio día y bajo la lluvia. Mediante estas experiencias he podido acercarme más a mis amigos Nicaragüenses, pero también me muestran que nunca podré entender sus realidades. Lo mejor que puedo hacer es seguir siendo agradecida por las oportunidades que me han dado en la vida y nunca dejar de estar frustrada y motivada a la acción cuando los demás son retenidos.

Dicho todo esto, estoy muy agradecida por CCM y su filosofía de asociarse CON la gente local. He llegado a entender con más profundidad que Dios estaba trabajando antes de mí, Dios trabaja conmigo, y Dios seguirá trabajando después de que me vaya. Me doy cuenta que he aprendido mucho más que he enseñado.

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